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Los hachisinos

Las historias de Papi Porro

Chicos, hoy hacemos taller de cocina. Vamos a preparar dawamesk, mermelada de hachís. Cogemos miel, un vaso de harina de pistacho, una buena cucharada de mantequilla rancia y, por supuesto, un trozo de resina, por ejemplo este hermoso marroquí ámbar. Calentamos delicadamente mientras mezclamos bien, luego esperamos a que enfríe. Probad! Son space-cakes a la antigua usanza, los Baudelaire, Nerval, Dumas o Delacroix, los saboreaban o tragaban en pequeñas bolas, o disueltos en una taza de café. Era así como se los comían en París, entre 1844 y 1849, esos artistas que se reunían en un palacete de la isla Saint-Louis.

Puerta de entrada al palacete donde se reunia el club de los hachisinos

El lugar era alquilado por un pintor diletante, Joseph Ferdinand Boissard de Boisdenier, todos lo llamaban Boissart. Allí alojaba a su gran amigo, el poeta y novelista Théophile Gautier, y ya en 1841 los dos compinches habían empezado a probar los efectos de la pasta de cannabis. Estaba muy en boga en aquella época en la Ciudad Luz cuyos intelectuales se jactaban de orientalismo. En 1844, su amigo, el psiquiatra Jacques-Joseph Moreau de Tours invita a otros artistas a sesiones de consumo semanales bajo el nombre de “Club de los Hachisinos”. Esas noches, en donde todos ingerían dawamesk, eran llamadas “Fantasías”. Gautier y los demás escritores han contado sus experiencias en obras literarias, una de las cuales es la famosa “Los paraísos artificiales” de Baudelaire. El doctor Moreau publicó el primer estudio científico “El hachís y la alienación mental” en 1845! Imaginaos los delirios que vivían en el “Club de los Hachisinos”!

Salón donde los miembros del club de los hachisinos hacían sus experiencias

Todos sabéis porqué habían decidido llamarse “hachisinos”, no? A ver, entiendo que el dawamesk está subiendo, pero bueno! Conocéis Assassin’s Creed. La palabra asesino vendría de los Hashishins, sobrenombre de una secta ismaelita asentada en lo que hoy es el norte de Irán. Su fundador fue Hassan Bin Sabbah, nacido en Persia a principio del siglo XI. Era un religioso y un místico, formado por pensadores quienes descubrían secretos escondidos en el Corán, los arcanos del poder y del combate. Cuando estalla una rebelión, Bin Sabbah toma partido por el imam Nizâr, y conquista Alamût, una fortificación encaramada sobre un pico, de donde dirige el ejército de los nizaríes. En su castillo, al que entonces llaman “el viejo de la montaña” prepara combatientes fanáticamente disciplinados, dispuestos a suicidarse si les da la orden.

Luego es una cuestión de leyenda. Se cuenta a viajeros como Marco Polo, que un aspirante hashishino tragó un brebaje de cannabis, en mi opinión algo parecido a nuestro dawamesk, que se quedó dormido y se despertó en un inmenso jardín, rodeado de decenas de mujeres jóvenes, huríes (vírgenes del paraíso) encantadoras, que le gratificaban con masaje bucal completo. Era como un tráiler de las vírgenes del paraíso, como pueden imaginar. Cuando volvía en sí, el soldado tenía como único deseo el de volver al jardín de las huríes muriendo para la secta. Se cuenta que Bin Sabbah había hecho construir secretamente el parque, para condicionar sus monjes soldados. Los mandaba a luchar a caballo, con los sables desenvainados, o en misión de asesinato, empuñando una daga envenenada.

Durante 160 años, los dirigentes políticos y religiosos nizaríes siguen dando órdenes desde Alamût, un reino de fortalezas montañosas que se comunican mediante un código óptico transmitido de cima en cima por una red de espejos. A la merced de las casualidades de la guerra, los ismaelitas incluso se alían por momentos con los Cruzados; y ciertos caballeros cristianos visitan Alamût. Vuelven convencidos que ellos también pueden crear contingentes de monjes soldados condicionados. Se dice que muchas de las órdenes secretas de la Edad Media están directamente inspiradas de los Hashishinos.

Siento que no me escucháis atentamente, chicos, me parece que es el efecto del dawamesk. Pero para concluir, dejadme deciros que eran sus enemigos que les llamaban los Hashishinos. Un sobrenombre peyorativo dado a los nizaríes para desprestigiarlos. A parte de la ceremonia legendaria, nada prueba que los monjes soldados ismaelitas consumían hachís regularmente, a diferencia de los artistas del “Club des Hashishins” de París. Ellos exploraban las “Fantasías” por el placer. Pero, están dormidos! Cuidado, podrían despertarse en el jardín de las delicias del “viejo de la montaña”.

Una pared del Hotel de Pimodan
Por | 2018-10-27T12:30:55+00:00 octubre 25th, 2018|Cultura|Sin comentarios

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